sábado, 21 de marzo de 2009

A day without moon.
Y la magia murió.

Después de su suicidio que me culpaba a mí en todos los sentidos.

Era mi culpa, completamente. Lo tenía tan cerca de mí y no le pude sujetar ni siquiera la mano... no pude ni entrelazar mis dedos con los suyos. No lo comprendo. Mis ojos sólo ven color blanco ¿después de todo me morí?... no. Siento todavía el calor y lo mojado del agua, en un parpadeo... esperé que la imagen del hogar que teníamos antes volviera... y regresó con una insperada sorpresa.

Estaba en el mismo lugar, exactamente en el lugar de la casa pero no había nadie. No había casa, sólo tierra. Aparecí sentada sobre esa tierra, sujetando fuertemente en mis manos lo que era un pequeño dije de una luna de diamante, un hermoso diamante. Una piedra tan dura que jamás se rompera... ¿Qué paso con todo lo demás?

Si fuese una chica común seguramente estaría viendo cuanto dinero me darían por el dije pero, no soy normal, desde el día que choqué con ellos. La tierra áspera, café, se encontraba con una pequeña y fina capa de ceniza, pero como si tuviera años ahí, se encontraba revuelta. Mi cuerpo estaba intacto, ni mojado, ni ninguna herida que debería de estar... nada. Sentía la brisa del frío de primavera.

Mis ojos reflejaban confusión, tristeza, desesperación e impotencia. No sabía lo que estaba pasando, y me quede observando el cerco de fierro negro que se encontraba alrededor del lote, apretado entre las casas... era chico... realmente chico. Fui a gatas hacia donde debería de estar el árbol mayor, el viejo, una de sus ramas.... removía la tierra de ese lugar, la esparramaba por todos lados pero sólo me encontraba con tierra y más tierra...

Desesperación.

Salí corriendo de allí por la calle, corrí, corrí, corrí hacia la calle donde me habían atacado y que debería de tener una gran grieta causada por el Poitterfly que me atacó. Tuve la impresión que iba a caer en cualquier momento por la velocidad que iba, correr por la acera agrietada comúnmente, esquivar a las personas a golpes... de nada sirvió, el lugar donde había atacado estaba limpio... totalmente limpio.

A los segundos de haber captado la imagen, me fui corriendo una vez más a lo que era el parque, debería de haber sangre en los juegos.. la sangre que me salía cuando me hirieron... pero, en cuanto llegue, me caí por la tierra suelta que había, con el poco césped que había gatie con la respiración muy entrecortada, y al ver que no había ninguna mancha de sangre no lo soporté.

¿Qué estaba pasando?

No lo creía. Mire mis manos, mire la tierra sin casi nada de césped. Entonces dirigí mis manos hacía la tierra e imaginé crecer césped...

nada.


Las lágrimas empezaron a brotar, no quería creerlo... ¿era sólo un juego de mi mente?... los árboles parecían reírse de mi, por la forma en que se movían al compás del viento, la gente que pasaba me esquivaba como si creyera que era una loca, los niños que me habían visto sólo se pregntaban que era yo o quién me creía yo por llegar de repente y asomarme en un lugar.

Era la peor jugarreta que me estaba jugando mi mente.

El celular sonó y lo agarré y contesté de inmediato, a pesar de todas las cosas que había pasado el celular se encontraba en perfectas condiciones como para no creerlo, esperaba la voz de Jacob regañándome por detrás del teléfono o la voz de Joseph preguntándome cuando volvería o donde estaba... pero la voz que más me impactó fue la de mi Padre.

Ann ¿Dónde demonios estás? Te dije que regresarás a casa inmediatamente. - su voz, parecía enojada... su voz medio ronca, fuerte, de hombre... me llenó de calor.
... en un parque - y mi voz... expresaba todo.
¿Por qué lloras? - y cuándo escuche eso... sentí gran felicidad pero a la vez tristeza. - te dije que no buscaras trabajo... iré por tí. - y le colgué el teléfono.

No...





Estaba un poco mejor, en el carro de mi padre. Sólo un poco. Había dejado de llorar y estaba viendo el paisaje, tratando de comprender que era lo que sucedía. Ver las calles pasar, las casas, todo era como si fuese un vil sueño... estaba nublado... papá parecía furioso, con su cabellera castaña entre canosa y su piel rosada y perfecta, rasgos marcados y ojos de un hermoso ámbar.

Te dije que no buscarás trabajo, para tu edad no necesitas trabajar.
Lo siento. - fue lo primero que dije para poder continuar pensando mejor.
Hice la comida yo, pensé que algo malo te había pasado porque no me llamabas. - el carro se detuvo en un semáforo. - hueles a ceniza ¿dónde te metiste? - y no le respondí. - también andas demasiado rara. No eres la Ann que yo conozco. ¿Te hicieron algo en la escuela? - le negué con la cabeza. - cuando lleguemos a casa podrás tomarte un baño, si quieres... tómate libre el día de mañana.
Es mi primer día, no puedo faltar al segundo.
No te encuentras en condiciones de ir. - y me agarró de la barbilla para verme. - tienes los ojos inchados...
Papá... por favor.

Él suspiró para dejar de criticarme, el carro se puso en marcha.

El Tiida sedán era uno de los carros cómodos y silenciosos que me había tocado tener, su color arena me atraía paz aunque fuese un carro un poco viejo. Tomé un pequeño abrigo que había detrás de los asientos y me abrigué lo suficiente para que el frío que se sentía por el atardecer no me lleguase, y un olor familiar me llegó en ese suéter.

...

El día estaba opaco como nunca, estaba en mi récamara. Rosada, con cada mueble apretado en aquel lugar, un poco espacioso. Me asomaba por la ventana de mi casa, había faltado a clases y eso no me agradaba... estar en casa llena de pensamientos. Pequeñas gotas de lluvia empezaron a caer, y sólo cerré la cortina blanca. Caminé tranquilamente hacia afuera de mi habitación, estaba sola en casa y lo único que era lo que hacía era vagar por los pasillos.

Corredores con paredes blancas y fotografías de mi infancia y de mi papá, algunos diplomados de mi padre y... algunas cosas que yo hacía cuando estaba pequeña. El suelo alfombrado rojo estaba un poco empolvado pero no tenía muchas ganas de limpiarlo, y la sala con su madera que rechina, eran como miles de ratones en el suelo. Por andar observando mi hogar como si fuera una casa desconocida me tropecé con una caja de cartón pero, lo bueno que no me caí.

Patee la caja de cartón y escuché que algo se había roto, me preocupé y tomé la caja y la puse sobre la mesa enfrente del sillón y me inqué para ver que era lo que se ocultaba dentro...

No lo creía. El grial.

¿Qué hace esto aquí? - murmuré mientras fruncía el ceño.
Será por algo ¿no? - esa voz, la voz de... de... ¿Axel?... traté de buscarlo por toda la habitación. - no me vas a ver.
¿Dónde estás? - pregunté desesperada por verlo, era peligroso pero a la vez, fue... un amigo... un amigo que quise.
Será breve. - y sentí una fuerza que me sentó en el sillón. - No encontrarás magia en lo que resta de tus días, no mirarás ningún Poitterfly pero ellos te verán... ellos siguen viviendo pero tus ojos ya no los pueden ver, poco a poco tu cuerpo ya no los podrá sentir.
¿Qué?
Joseph ha muerto. Sucesor del Dios Sol. El que traía luz y dónde tú, una humana con poderes como nosotros, podía hacer magia. Joseph era el flujo de magia para una humana como tú, él mantenía vivo las esperanzas o “milagros” para los humanos. Él ha muerto. La casa donde vivían desapareció porque él la mantenía con su presencia, los Poitterfly, que eramos seres que fuimos tocados por su poder y envenenados seguimos vivos como Jacob.
No entiendo.
No lo vas a entender. Sólo cuida el grial. El elixir.
Pero...
No te vuelvas a involucrar en esto.

Y... la poca presencia que había sentido de él, se esfumó.

No era justo.

Traté de buscarlo a ciegas por toda la habitación pero nunca me topé con algo... nada... nada ¡Nada!. Si los Poitterfly todavía existían y Jacob todavía vivía... eso significaba que todavía yo era un peligro. Los días que habían pasado fueron como un sueño que él no me explicó.

Luna.

Cuando me acordé del dije, y cuando me fui hasta arriba de mi habitación, subiendo las escaleras tan torpemente me di cuenta que lo había olvidado, todavía tenía una esperanza para regresar a lo que era el mundo de antes y poder salvar a Jacob de su cruel hermano, o más bien, de nada de él. Tratar de que los Poitterfly no cometan otra tontería... y en cuanto abrí la puerta blanca de mi habitación la ventana estaba abierta... y el dije que el dá anterior había puesto sobre la mesita de noche no estaba.

Corrí hacía la ventana para ver al culpable del hurto que cometió... me di cuenta del rastro negro sobre la base de la ventana, y cuando me di cuenta que, era un Poitterfly... comencé a sangrar.

El flujo del tiempo que se había detenido en mi cuerpo, comenzó a fluir.